La llovizna cae fina y persistente, como si el Chocó Andino quisiera recordar que aquí el agua no es solo parte del paisaje, sino el corazón de la vida comunitaria. Poco a poco, el asfalto queda atrás y, con él, la comodidad.
Desde Quito al centro poblado de la parroquia de Pacto hay 105 kilómetros que se recorren en casi dos horas, y hasta Anope son 30 kilómetros más por camino de tierra, un trayecto que en época de lluvia se vuelve lodoso y difícil, propio de estos suelos húmedos del sector.
Pacto, ubicada en el extremo noroccidental del Distrito Metropolitano de Quito, forma parte de la Reserva de Biósfera del Chocó Andino, con altitudes que van de los 500 a los 1.800 metros sobre el nivel del mar. La neblina se aferra a las montañas y la vegetación lo cubre todo. En este territorio biodiverso, proteger las fuentes de agua es también una estrategia de conservación.
Desde el obelisco de Anope, bajo una lluvia que no da tregua, empieza la minga. Vecinos y vecinas salen con machetes al hombro, costales vacíos y botas bien puestas para iniciar el largo camino hacia la fuente de agua.
La jornada comunitaria se activa tras la entrega de materiales por parte del Fondo para la Protección del Agua (FONAG), en el marco del proyecto Conservación y restauración de fuentes de consumo humano para el Distrito Metropolitano de Quito, que se ejecuta junto a la Empresa Pública Metropolitana de Agua Potable y Saneamiento (EPMAPS–Agua de Quito). El objetivo es construir una caja de captación que permita mejorar la calidad y cantidad del agua que abastece a las comunidades de Anope y El Castillo, beneficiando a cerca de 50 familias, más de 200 personas.
El trayecto inicia con un camión cargado de arena y ripio. Parece sencillo, pero no lo es. En cada intento, el vehículo patina y no logra subir la cuesta. La comunidad se organiza: unos colocan piedras, otros esparcen ripio; algunos halan con cuerdas, otros empujan. Cada avance, por pequeño que sea, se celebra. Metro a metro, el camión alcanza la planicie.
Desde allí, el material se descarga y el relevo lo toman las mulas, el transporte tradicional de estas montañas. Más adelante, cuando el sendero se estrecha y se vuelve empinado y resbaloso, la carga pasa a los comuneros. Costal al hombro, continúan a pie. Raúl Tamai, de la comunidad El Castillo, coincide. Lamenta el tiempo lluvioso, pero resalta la unión.
El recorrido hasta la fuente es de siete kilómetros, alrededor de una hora y media entre montaña, lodo y riachuelos. El sudor se confunde con la lluvia. Las botas se hunden en el lodo, mientras el sonido constante del agua acompaña el paso.
En algunos tramos, Ana Lucía Pucay, presidenta de la Junta de Agua Río Anope–El Castillo, abre camino con el machete. “Por la unión y el trabajo de los compañeros hemos hecho un trabajo arduo y duro”, dice, con la voz cansada pero firme.
Uno a uno, los costales empiezan a llegar a la fuente. Algunos descansan sobre la tierra húmeda, mirando el cielo gris que apenas se deja ver entre las copas de los árboles; otros regresan por más carga. La fuente aparece como recompensa: el agua es cristalina, rodeada de vegetación cerrada y, a tono con la belleza del paisaje, una orquídea cuelga en el lugar donde nace el agua.
Actualmente, la captación se realiza de manera precaria, directamente desde un tubo. Con la nueva infraestructura y el desarenador, se busca que los sedimentos se asienten y que el agua llegue más limpia al tanque de almacenamiento, garantizando un servicio más seguro para la comunidad.
Además, como parte del enfoque de conservación, en Anope se firmó una carta compromiso de restauración con el propietario del predio donde se ubica la captación. En 6,56 hectáreas se restringió el ingreso de ganado y se instalará una bomba de ariete para abastecer de agua a los animales, reduciendo la presión sobre la fuente. “Es un ganar-ganar”, explica Joshua Carabajo, técnico de fortalecimiento a la gestión comunitaria del agua y conservación de fuentes del FONAG. “Gana la comunidad con agua de mejor calidad y gana el propietario con acceso al agua para su ganado. El trabajo articulado con EPMAPS es fundamental para llegar a comunidades históricamente olvidadas, aunque sean pequeñas”, dijo.
El proyecto tendrá una duración de cinco años e incluye capacitaciones técnicas, administrativas y de operación, además de acciones de restauración vegetal y fortalecimiento organizativo. La Gerente del Ambiente de la Epmaps, Viviana Muñoz, indicó que dentro del Programa de Fortalecimiento de Jutas Administradoras de Agua Potable en el DMQ, el proyecto de Conservación, Protección y Recuperación de Fuentes de Agua, que se trabaja con el FONAG, permite mantener las zonas de recarga hídrica para conservar la calidad y cantidad, incluso, en las zonas donde operan los prestadores comunitarios.
“En los diversos enfoques de trabajo, también brindamos asistencia técnica y capacitación en cumplimiento de las normativas de la Agencia de Regulación y Control del Agua, mantenimiento de sus sistemas, gestión administrativa y financiero, además del uso eficiente del agua”, explicó al señalar que estas acciones se alinean con la directriz verde azul del Municipio de Quito, que promueve la protección de fuentes de agua y zonas de recarga hídrica como base para la sostenibilidad ambiental y la gestión responsable del territorio.
La Junta de Agua Río Anope–El Castillo tiene más de 17 años y enfrenta hoy el desgaste de una infraestructura que ya cumplió su vida útil. El reto es sostener la gestión comunitaria del agua y transmitir estos saberes a las nuevas generaciones.
“Sufríamos bastante con la agüita”, dice Bernardita del Carmen Maldonado Paladines vive en la comunidad desde hace más de 30 años. “Ahora estamos bien. Estoy feliz por la ayuda”. Para ella, como para muchos, la minga es también una forma de agradecimiento.
Al caer la tarde, la lluvia continúa. Es hora de regresar al pueblo. El cuerpo pesa, pero el ánimo se mantiene. En Anope, un seco de gallina con yuca espera a los mingueros. Es el cierre perfecto de una jornada que demuestra que, en estas montañas del Chocó Andino, conservar el agua es un acto colectivo donde la comunidad camina y las instituciones acompañan.



