Por: Lorena Coronel, The Nature Conservancy (TNC)
El consumo excesivo de agua dulce agota ríos y obliga a usar reservas de acuíferos y glaciares.
El agua es fundamental para el bienestar humano, para la salud de los ecosistemas, para la producción de alimentos, para la industria y para la resiliencia climática. La importancia de su cuidado, gestión integral y gobernanza son piezas clave para enfrentar los desafíos de un mundo cambiante.
El agua que utilizamos depende directamente de los paisajes por los que fluye, su relación con el estado de los ecosistemas es cada vez más evidente para las personas y principalmente para los usuarios del agua. La degradación de ecosistemas, complementado con paisajes productivos mal gestionados amenazan la calidad y la cantidad de agua que llega a nuestras comunidades y ciudades.
El último informe de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), señala que hemos superado el umbral de la crisis y ahora nos encontramos en una situación de “bancarrota hídrica global”. El informe logra explicar el nivel de agotamiento al que se enfrentan nuestros sistemas planetarios, y como en muchos casos responde a que algunas sociedades (aunque no todas) han tenido un gasto excesivo de sus «ingresos» de agua dulce procedentes de fuentes renovables, como ríos, entre otros; que ahora es necesario complementarlos con los «ahorros» a largo plazo de agua almacenada en acuíferos, glaciares, humedales y similares. Existen casos, donde este agotamiento ha provocado el hundimiento de deltas y ciudades costeras, la compactación de acuíferos, la desaparición total de lagos y humedales y pérdidas irreversibles de biodiversidad.
El informe plantea la bancarrota como una condición definida por la insolvencia: extracción y contaminación más de allá de límites seguros y la irreversibilidad cuando los procesos naturales relacionados sufren daños a tal punto que una restauración a sus condiciones iniciales es inviable. El desafío se debe transformar en acción, para poder convertir esta realidad en oportunidades para el futuro.
El enfoque de cuencas hidrográficas resilientes de TNC impulsa la posibilidad de restaurar la salud y la resiliencia de nuestros ecosistemas. Invirtiendo en soluciones basadas en la naturaleza como la conservación, restauración, el manejo mejorado que incluye prácticas agrícolas regenerativas, y otras que pueden contribuir de manera significativa y sostenible a mejorar la seguridad hídrica, restaurar la biodiversidad, mejorar la capacidad de las comunidades para adaptarse al cambio climático y promover un desarrollo equitativo e inclusivo.
En Quito, los esfuerzos del Fondo para la Protección del Agua por más de 26 años, con inversiones sostenidas en soluciones basadas en la naturaleza, hacen lejano y casi imposible caer en procesos de irreversibilidad, siendo un excelente ejemplo e inspiración para enfrentar los desafíos del futuro apoyados en la naturaleza.



